Han visto que siempre cuando uno está en el baño público más tranquilo, con la puerta cerrada, llega el típico que empieza a sacudir la puerta como si adentro estuviera el último papel higiénico del universo…
Bueno. Así mismo se siente un purista del código cuando ve a un dev metido en vibe coding total: luces LED, auriculares con lo-fi, café frío, y commits con nombres como “final_final_FIX_(real).js”.
Sí, ya sé. El purista quiere orden, patrones, documentación y convenciones. ¡Y tiene razón! No se puede construir una catedral sobre barro. Pero también hay algo que los años me han enseñado, y es que no todos los caminos al código limpio empiezan limpios.
El vibe coder puede ser caótico, desordenado, hasta ofensivo para la vista si lo pillas en pleno trance. Pero, muchas veces, está creando, probando, empujando los límites, jugando sin miedo. Y eso, mis jóvenes y no tan jóvenes, también es parte del oficio.
No se trata de elegir entre el caos o el orden. Se trata de reconocer que hay momentos para jugar y momentos para limpiar. El código perfecto rara vez nace perfecto. Primero nace. Después lo hacemos crecer.
Así que puristas, no se me indignen tanto. Y vibers, no se me relajen tanto. El código se construye en comunidad, y toda comunidad necesita un poquito de orden y otro tanto de locura.
👴🏼 Consejo de viejo: Si vas a vibrar, que sea con propósito. Y si vas a exigir pureza, que sea con empatía. Porque al final, lo único más molesto que el que sacude la puerta del baño… es el que no baja la cadena después.
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