Han visto que siempre cuando alguien se compra una camioneta grande empieza a estacionarse como si hubiese conquistado Roma… ocupa dos espacios, mira en menos al del citycar y hasta se baja más lento el desgraciado, como si el vehículo viniera con doctorado incluido. Bueno… con los cargos pasa exactamente lo mismo. Hay gente que se sienta en una oficina nueva y automáticamente cree que subió de especie. Cambia el tono de voz, empieza a hablar en “nosotros como compañía” y mira a los demás como si hubiese bajado del Olimpo corporativo con un Excel bajo el brazo. Pero la verdad, cabros… el cargo no hace sabio a nadie. Un puesto te puede dar autoridad. Te puede dar poder. Te puede dar una tarjeta con letras doradas y reuniones que pudieron ser un correo. Pero jamás te dará humildad, criterio ni respeto verdadero. Eso se construye escuchando. Equivocándose. Tratando bien incluso cuando nadie te puede ofrecer nada. Porque el soberbio cree que lidera por miedo. El sabio entiende que liderar ...
Han visto que siempre cuando uno limpia el escritorio encuentra un cable que no sabe si sirve o no… pero lo guarda igual “por si acaso”. Y pasan años. Y el cable sigue ahí, acumulando polvo, culpas y excusas. Así mismo son los procesos antiguos. Mira, te lo digo sin adornos: eliminar por eliminar es cosa de impacientes. Pero mantener lo viejo solo por costumbre… eso ya es flojera disfrazada de prudencia. Un proceso antiguo no es basura automáticamente. Es experiencia condensada, errores pagados caro y soluciones que en su momento funcionaron. Botarlo sin entenderlo es como quemar un cuaderno lleno de aprendizajes porque la portada está fea. Pero tampoco hay que romantizarlo. La pregunta no es “¿lo elimino o lo actualizo?”… la pregunta real es: 👉 ¿este proceso todavía sirve para el problema actual? Porque si el contexto cambió, el proceso puede quedar obsoleto aunque alguna vez haya sido brillante. Ahí entra la sabiduría —esa que uno aprende a golpes—: Si el proceso tiene base sólida →...