Han visto que siempre cuando uno llama a un maestro para arreglar una puerta, algunos solo cambian la bisagra y se van. Otros, en cambio, preguntan por qué se rompió, revisan el marco, miran la humedad de la pared y descubren que el problema nunca fue la bisagra. En informática ha ocurrido una evolución parecida. Durante muchos años existió una visión bastante clara: "El informático se preocupa de los computadores." Y punto. Si el sistema funcionaba técnicamente, la misión estaba cumplida. El problema es que el mundo cambió. Hoy un profesional de tecnología que solo entiende tecnología corre el riesgo de convertirse en un especialista cada vez más desconectado de la realidad que intenta resolver. Porque los sistemas ya no existen aislados. Están conectados con procesos, normativas, presupuestos, auditorías, usuarios, experiencia cliente, estrategia y objetivos institucionales. Como viejo cascarrabias, siempre me causa gracia cuando alguien dice: "Eso no me corresponde, y...
Han visto que siempre cuando una ampolleta se quema en la casa, nadie piensa que la solución es poner a una persona a soplar electricidad durante 48 horas seguidas hasta que vuelva la luz. Suena absurdo. Sin embargo, en muchas organizaciones ocurre exactamente eso, pero con computadores. Cuando aparece una tarea repetitiva, un proceso manual interminable o una operación crítica que consume días completos, la respuesta suele ser la misma: "Que lo haga informática." Y ahí aparece el héroe involuntario. El profesional que pasa noches enteras ejecutando scripts, moviendo archivos, actualizando registros, conciliando datos o realizando procesos que debieron automatizarse hace años. Lo más curioso es que después algunos celebran el esfuerzo. "El equipo se sacó la mugre." "Trabajaron todo el fin de semana." "Estuvieron 48 horas resolviendo el problema." No. Eso no es una victoria. Es una alarma. Porque en pleno siglo XXI, con automatización, orquestació...