Han visto que siempre cuando alguien decide ponerse en forma después de quince años sin hacer ejercicio, al segundo día ya está mirando zapatillas profesionales, relojes deportivos de última generación y videos de atletas olímpicos. Todavía no logra subir una escalera sin jadear, pero ya está comparándose con quienes llevan años entrenando. Las organizaciones atrasadas digitalmente suelen caer en la misma trampa. Un día despiertan y descubren que están quince años detrás del mercado. Los procesos siguen en planillas eternas, los correos reemplazan sistemas completos, las aprobaciones pasan por cinco escritorios y todavía existen documentos que parecen haber sobrevivido a varias eras geológicas. Entonces aparece la gran idea: "Tenemos que estar al nivel de los líderes de la industria en doce meses." Y ahí comienza la carrera. Compran plataformas gigantescas. Contratan consultoras. Hablan de inteligencia artificial, automatización, analítica avanzada y transformación digital co...
Han visto que siempre cuando uno sale con paraguas porque el cielo parece el fin del mundo, termina volviendo a la casa con el paraguas seco y la frente quemada por el sol. Curiosa costumbre humana esa de prepararse para la tormenta que nunca llega. En los puestos de jefatura pasa algo parecido. He conocido personas que siempre esperan el peor resultado posible. Si un proyecto va bien, imaginan que algo explotará. Si el equipo está motivado, sospechan que pronto aparecerá un problema. Si los números mejoran, creen que es cuestión de tiempo para que todo se derrumbe. Y ojo, no siempre nace del pesimismo. Muchas veces nace de la responsabilidad. Cuando te toca responder por otros, aprendes a mirar los riesgos. Aprendes a preguntarte qué podría salir mal. Es una habilidad necesaria. El problema aparece cuando la prevención se transforma en residencia permanente y uno termina viviendo en el peor escenario imaginable. Un líder que solo ve catástrofes termina transmitiendo catástrofes. El eq...