Han visto que siempre cuando alguien visita una represa, pregunta por qué no abren todas las compuertas de una sola vez para que el agua salga más rápido. Desde afuera parece una decisión sencilla. Hasta que uno entiende que detrás hay cálculos, normas, riesgos y consecuencias que no se ven a simple vista. Con los sistemas del Estado ocurre algo parecido. Muchas personas creen que modificar una funcionalidad es tan simple como pedirlo. "Agreguen este botón." "Cambien esta regla." "Saquen este requisito." "Automaticen este proceso." Y a veces incluso se molestan cuando la respuesta no es inmediata. Pero en el sector público las cosas suelen ser más complejas. Porque un sistema no siempre refleja una decisión tecnológica. Muchas veces refleja una ley. Un reglamento. Una normativa. Un dictamen. Un procedimiento administrativo. Un requisito de control. Una obligación legal. Y eso cambia completamente la conversación. Como viejo gruñón tecnológico, ap...
Han visto que siempre cuando uno se compra una planta, aparece alguien diciendo que mejor hubiera comprado una artificial porque "dura más". Como si todo lo que vale tuviera que durar para siempre o dar ganancias inmediatas. Algo parecido pasa con las carreras que algunos iluminados llaman "sin futuro". Esa visión pequeñita, casi de calculadora con pilas gastadas, cree que el valor de una profesión se mide únicamente por la plata que genera. Y aquí habla este viejo medio mañoso y con más años que entusiasmo por las reuniones largas: una carrera no es una acción en la bolsa. No se estudia solamente para perseguir un sueldo, se estudia también por vocación, por curiosidad, por aportar algo, por dejar una huella y, a veces, simplemente porque uno quiere entender mejor el mundo. La historia está llena de gente que escuchó que lo suyo "no servía para nada". Artistas, filósofos, historiadores, científicos y profesores. Curioso, porque después la humanidad termin...