En mi departamento hay una regla sagrada: el viernes no se descongela el refrigerador. Si algo sale mal, el agua llega al living, el vecino de abajo toca el timbre y el fin de semana se me va trapeando, con la cerveza tibia esperando turno en el lavaplatos. Hasta que me pregunté por qué el refri se inunda. Spoiler: no es culpa del viernes. Es que lo descongelo una vez al año, a la mala y sin bandeja. Con el famoso "el viernes no se pasa a producción" pasa lo mismo. Lo repetimos como mandamiento tallado en piedra, cuando en realidad es una confesión: no confío en lo que estoy subiendo. Si desplegar es una ceremonia de alto riesgo que ocurre cada muerte de obispo, obvio que da susto, sea viernes o martes. Viernes viene de dies Veneris, el día de Venus, diosa del amor. Pobre: pasó de día del amor a día del terror en TI sin haber hecho nada. Y producción viene de producere, llevar hacia adelante. El mito nos pide justamente no avanzar. No reniego de quienes inventaron la regla. E...
Esta mañana el conserje me paró en el hall para preguntarme por qué el agua caliente del piso nueve salía tibia. Le dije que soy ingeniero, no gásfiter. Me miró con la decepción que uno reserva para quien no sabe cambiar un flexible. Subí en el ascensor pensando que él tampoco es gásfiter, pero sabe a quién llamar, cuándo cortar el agua y cómo avisarle al edificio antes del desastre. Eso, curiosamente, es lo que hace un ingeniero DevOps. Porque al DevOps lo confunden con todo. Para unos es el analista que levanta requerimientos, para otros el arquitecto que dibuja cajitas con flechas, y para los más optimistas, el que programa lo que falta el viernes a las seis. Y no poh. Arquitecto viene del griego arkhitékton, jefe de constructores; analizar viene de analýein, desatar. El DevOps no desata ni dirige: une. Hasta la palabra es un pegamento, desarrollo y operaciones juntos a la fuerza, como Rancagua y Santiago en mi biografía. Trabaja con el analista y con el arquitecto, no en su lugar. ...