Esta mañana el conserje me paró en el hall para preguntarme por qué el agua caliente del piso nueve salía tibia. Le dije que soy ingeniero, no gásfiter. Me miró con la decepción que uno reserva para quien no sabe cambiar un flexible. Subí en el ascensor pensando que él tampoco es gásfiter, pero sabe a quién llamar, cuándo cortar el agua y cómo avisarle al edificio antes del desastre. Eso, curiosamente, es lo que hace un ingeniero DevOps. Porque al DevOps lo confunden con todo. Para unos es el analista que levanta requerimientos, para otros el arquitecto que dibuja cajitas con flechas, y para los más optimistas, el que programa lo que falta el viernes a las seis. Y no poh. Arquitecto viene del griego arkhitékton, jefe de constructores; analizar viene de analýein, desatar. El DevOps no desata ni dirige: une. Hasta la palabra es un pegamento, desarrollo y operaciones juntos a la fuerza, como Rancagua y Santiago en mi biografía. Trabaja con el analista y con el arquitecto, no en su lugar. ...
Mi microondas tiene como 40 botones. Uso tres: 30 segundos, un minuto, y el que abre la puerta. Ahí está el "descongelar por peso", el "pollo", el "palomitas", esperando desde 2019 una oportunidad que no va a llegar. No es que no sirvan. Es que yo ya tengo mi sistema y mi sistema funciona. Con la IA en el trabajo pasa exactamente lo mismo, pero con presupuesto y comité de seguimiento. Un estudio de Writer con Workplace Intelligence (abril 2026, 2.400 profesionales entre Estados Unidos, Reino Unido y Europa) encontró que el 29% de los empleados admite haber saboteado la estrategia de IA de su empresa: ignorar lineamientos, no usar la herramienta, o derechamente maquillar métricas. Entre los de la generación Z, el 44%. O sea, los que supuestamente venían a salvarnos. Y acá viene lo entretenido: la resistencia casi nunca es al aparato. Es a que alguien decidió por ti. James Bessen mostró que cuando llegaron los cajeros automáticos, los cajeros humanos por suc...