Han visto que siempre cuando uno arma un mueble y sobra una pieza, aparece el optimista de turno diciendo: "Debe venir de repuesto." Y sigue armando como si nada. Horas después descubre que esa pieza era precisamente la que sostenía toda la estructura. En tecnología pasa algo parecido con el conocimiento. He escuchado demasiadas veces frases como: "Eso no se puede." "Nadie sabe hacerlo." "La plataforma no lo permite." "Siempre se ha hecho así." Y cada vez que escucho algo parecido, me surge la misma sospecha. ¿Estamos frente a una limitación real o simplemente frente a algo que todavía no hemos aprendido? Porque existe una diferencia enorme entre ambas cosas. Como viejo gruñón que ha sobrevivido a varias generaciones de tecnologías, lenguajes, metodologías y modas corporativas, aprendí una verdad bastante simple: No saber algo no es un problema. Negarse a aprenderlo sí lo es. Nadie nace sabiendo arquitectura, nube, automatización, segur...
Han visto que siempre cuando alguien se compra un teléfono nuevo, hay dos tipos de personas. La primera aprieta botones, investiga, se equivoca, pregunta y en una semana ya domina funciones que ni el fabricante sabía que existían. La segunda usa el mismo equipo durante cinco años exactamente igual que el primer día y se enoja cuando algo cambia de lugar. En tecnología pasa algo parecido. Nadie está obligado a saberlo todo. De hecho, es imposible. Las tecnologías cambian más rápido que los organigramas y aparecen herramientas nuevas antes de que terminemos de aprender las anteriores. Por eso, no saber algo jamás debería ser motivo de crítica. Lo preocupante aparece cuando una persona decide que tampoco quiere aprenderlo. Porque ahí el problema deja de ser técnico. Se transforma en cultural. He visto profesionales con décadas de experiencia reinventarse varias veces durante su carrera. Y también he visto personas quedarse detenidas durante diez años defendiendo el mismo conocimiento mien...