Han visto que siempre cuando alguien escucha un ruido extraño en el auto, decide subir el volumen de la radio. Durante un tiempo parece funcionar. El ruido sigue ahí, pero ya no se escucha. Hasta que un día el auto decide expresar sus sentimientos de manera mucho más costosa. En tecnología y en las organizaciones ocurre exactamente lo mismo. Muchas áreas viven atrapadas en modo reactivo. Corriendo detrás de incidentes. Apagando incendios. Resolviendo urgencias. Atendiendo requerimientos de último minuto. Celebrando que lograron sobrevivir una semana más. Y ojo, no siempre es culpa de las personas. Muchas veces es consecuencia de años de acumulación de deuda tecnológica, falta de planificación, escasez de recursos o una cultura donde solo recibe atención aquello que está ardiendo. Porque seamos sinceros. Nadie felicita al equipo porque un sistema no se cayó. Nadie hace una ceremonia porque una vulnerabilidad fue corregida antes de generar un incidente. Nadie publica un comunicado celebr...
Han visto que siempre cuando hay que empujar un auto en panne, aparece alguien que toma una esquina del vehículo con un dedo y después dice: "Yo cumplí con mi parte." Técnicamente puede tener razón. Pero el auto sigue sin moverse. En el trabajo ocurre algo parecido. ¿Es válido hacer solamente lo que corresponde a tu cargo? Sí. Absolutamente. Nadie está obligado a resolver todos los problemas de la organización. Nadie puede convertirse en experto en todo. Nadie debería cargar responsabilidades que no le corresponden. Los límites son necesarios. Las funciones existen por una razón. Pero existe una diferencia importante entre tener límites profesionales y vivir encerrado dentro de ellos. Como viejo gruñón, he conocido personas que hacían exactamente lo que decía su contrato. Ni más ni menos. Llegaban a la hora. Cumplían sus tareas. No cometían errores. Y también descubrí que muchas veces eran incapaces de comprender por qué sus carreras se quedaban estancadas. Porque las organiz...