Han visto que siempre cuando hay que empujar un auto en panne, aparece alguien que toma una esquina del vehículo con un dedo y después dice: "Yo cumplí con mi parte." Técnicamente puede tener razón. Pero el auto sigue sin moverse. En el trabajo ocurre algo parecido. ¿Es válido hacer solamente lo que corresponde a tu cargo? Sí. Absolutamente. Nadie está obligado a resolver todos los problemas de la organización. Nadie puede convertirse en experto en todo. Nadie debería cargar responsabilidades que no le corresponden. Los límites son necesarios. Las funciones existen por una razón. Pero existe una diferencia importante entre tener límites profesionales y vivir encerrado dentro de ellos. Como viejo gruñón, he conocido personas que hacían exactamente lo que decía su contrato. Ni más ni menos. Llegaban a la hora. Cumplían sus tareas. No cometían errores. Y también descubrí que muchas veces eran incapaces de comprender por qué sus carreras se quedaban estancadas. Porque las organiz...
Han visto que siempre cuando un reloj se atrasa, casi nadie culpa a un engranaje específico. La gente simplemente dice: "El reloj no funciona." Nadie pregunta cuál rueda dentada falló. Porque todos entienden que el valor está en el conjunto. En tecnología, y especialmente en organizaciones grandes, esa lección suele llegar tarde. Muchos profesionales comienzan su carrera pensando en su propia área. El desarrollador ve código. El administrador ve servidores. El especialista de redes ve conectividad. El DBA ve bases de datos. Y cada uno defiende su territorio como si fuera un pequeño reino independiente. Eso es la lógica de la jerarquía tradicional. Áreas separadas. Responsabilidades delimitadas. Información que sube y baja por canales definidos. Y aunque ese modelo sigue siendo necesario para ordenar organizaciones complejas, tiene una limitación importante. Los problemas reales rara vez respetan los organigramas. Ahí aparece la redarquía. No como reemplazo de la jerarquía, si...