Han visto que siempre cuando uno dice “esta semana voy a dormir más y estar tranquilo”… justo esa misma semana aparecen reuniones, problemas, correos eternos y alguna cosa que se rompe en el peor momento.
Bueno… así son las semanas cuando uno trabaja y vive al mismo tiempo.
La semana estuvo como muchas en la vida: un poco caótica, un poco cansadora, pero también llena de esas pequeñas cosas que enseñan algo si uno se detiene a mirar. Hubo errores, descubrimientos, momentos donde algo no salía y de pronto —después de investigar un poco más— la solución aparece como si siempre hubiera estado ahí escondida.
Con los años uno aprende que las semanas no se miden solo por lo que salió perfecto, sino por lo que logramos entender mejor que el lunes.
A veces uno termina la semana con más preguntas que respuestas… y aunque suene raro, eso no es mala señal. Significa que la cabeza sigue trabajando, que seguimos aprendiendo, que todavía no nos oxidamos.
Y eso, aunque uno sea medio gruñón y le duelan las rodillas del oficio, es buena señal.
Así que la semana estuvo bien…
con tropiezos, con aprendizajes y con la sospecha de que la próxima traerá nuevos problemas.
Y francamente… menos mal.
Porque cuando ya no hay problemas, normalmente significa que dejamos de intentar cosas nuevas.
Y tu cuéntame como estuvo TU semana?
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