Han visto que siempre cuando alguien guarda una llave "en un lugar súper seguro para no perderla", pasan unos meses y nadie tiene idea dónde quedó. Entonces aparecen las teorías, las búsquedas desesperadas y las frases mágicas: "Solo Juan sabe dónde está." "Siempre se ha hecho así." "No toquen nada porque funciona." En tecnología, esa frase debería encender más alarmas que una sirena de incendio. Durante años muchas organizaciones construyeron infraestructura de memoria. Servidores configurados a mano. Redes documentadas en una servilleta. Permisos otorgados por tradición oral. Procesos que viven únicamente en la cabeza de alguien que lleva quince años en la empresa. Y así nace una de las formas más caras de deuda tecnológica. La infraestructura invisible. La que existe, funciona y genera valor... hasta que alguien se va de vacaciones, cambia de trabajo o se jubila. Ahí comienza la arqueología digital. Equipos enteros intentando entender quién cr...