Han visto que siempre cuando una ampolleta se quema en la casa, nadie piensa que la solución es poner a una persona a soplar electricidad durante 48 horas seguidas hasta que vuelva la luz.
Suena absurdo.
Sin embargo, en muchas organizaciones ocurre exactamente eso, pero con computadores.
Cuando aparece una tarea repetitiva, un proceso manual interminable o una operación crítica que consume días completos, la respuesta suele ser la misma:
"Que lo haga informática."
Y ahí aparece el héroe involuntario.
El profesional que pasa noches enteras ejecutando scripts, moviendo archivos, actualizando registros, conciliando datos o realizando procesos que debieron automatizarse hace años.
Lo más curioso es que después algunos celebran el esfuerzo.
"El equipo se sacó la mugre."
"Trabajaron todo el fin de semana."
"Estuvieron 48 horas resolviendo el problema."
No.
Eso no es una victoria.
Es una alarma.
Porque en pleno siglo XXI, con automatización, orquestación, inteligencia artificial, integración de sistemas y herramientas que existen precisamente para eliminar trabajo repetitivo, seguir dependiendo de jornadas maratónicas para mantener la operación funcionando no es compromiso.
Es deuda tecnológica.
Y la deuda tecnológica siempre termina cobrando intereses.
Primero cobra cansancio.
Después cobra errores.
Luego cobra rotación de personal.
Y finalmente cobra dinero.
Mucho dinero.
He visto organizaciones gastar fortunas en horas extras para evitar invertir una fracción de ese monto en automatizar correctamente sus procesos.
Es como contratar personas para cargar agua en baldes mientras una tubería rota espera reparación al lado.
Como viejo gruñón que lleva años viendo estos espectáculos corporativos, aprendí algo simple: cuando una operación depende del sacrificio permanente de una persona, el problema no es la persona.
El problema es el diseño.
Las emergencias existen y seguirán existiendo.
Pero una emergencia que ocurre todos los meses ya no es una emergencia.
Es un proceso.
Y los procesos deben diseñarse, optimizarse y automatizarse.
Porque el talento de un profesional de tecnología debería estar creando soluciones, mejorando servicios e innovando.
No actuando como parche humano de sistemas que la organización decidió no modernizar.
La tecnología avanzó demasiado como para seguir administrando empresas con héroes agotados.
El futuro pertenece a las organizaciones que construyen sistemas resilientes, no a las que celebran mártires digitales. 🚀⚙️
Y cuando una empresa deja de depender del sacrificio de sus personas para funcionar, recién empieza a comportarse como una organización moderna. 🌱💡
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