Han visto que siempre cuando uno está esperando la micro y justo cuando decide sentarse… aparece llena y pasa de largo. Como si el universo tuviera un pequeño sentido del humor negro con nosotros.
Bueno… la vida a veces funciona igual.
Escuché una conversación una vez:
— Amo, mire… él tiene un caballo.
— ¿Tú quieres un caballo?
— ¿Para qué quiero un caballo?
— Entonces… ¿qué quieres?
— Que él no tenga un caballo.
Y ahí está el detalle, cabros.
Muchos creen que quieren más… pero en el fondo lo que quieren es que el otro tenga menos. No es hambre de progreso, es sed de comparación.
Mire, se lo digo con los años encima y con el carácter medio gruñón que me dejó la vida:
si uno gasta la energía mirando el caballo del vecino, termina caminando a pie toda la vida.
El mundo avanza gracias a los que construyen su propio establo, no a los que se quedan contando los caballos ajenos.
Y sí, lo sé… a veces da rabia ver que a otros les va bien. Somos humanos, no santos. Pero hay una diferencia grande entre sentir envidia un segundo… y hacer de la envidia un proyecto de vida.
Porque el que quiere aprender, pregunta.
El que quiere crecer, trabaja.
Pero el que solo quiere que al otro le vaya mal… termina viviendo en un desierto que él mismo cavó.
Así que le dejo esta reflexión de viejo medio cascarrabias:
Si alguien tiene un caballo…
no pierda tiempo deseando que se le muera.
Mejor pregúntele cómo construyó el corral. 🐎
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