Han visto que siempre cuando uno va a un asado, nunca falta el que critica la carne, el punto de cocción, la ensalada y hasta el carbón… pero igual se repite el plato.
Curioso, ¿no?
En las reuniones con proveedores pasa algo parecido.
Ahí estamos, tratando de construir confianza, abrir oportunidades, mostrar orden y profesionalismo… y de pronto aparece el “iluminado”, y empieza a ventilar problemas internos como si estuviera en terapia grupal.
—“Bueno, lo que pasa es que acá nunca nos coordinamos…”
—“Es que el equipo no cumple los plazos…”
—“Siempre tenemos estos problemas…”
Y uno ahí, mirando al proveedor pensando: ya po, qué necesidad…
Miren, los trapos sucios se lavan en casa. No porque haya que esconder la realidad, sino porque el liderazgo también es criterio. Y el criterio es saber qué decir, cuándo decirlo y delante de quién decirlo.
Exponer debilidades sin contexto ni propósito no es transparencia. Es inmadurez disfrazada de franqueza.
He visto empresas perder poder de negociación por estos arrebatos de ego. He visto relaciones deteriorarse porque alguien quiso demostrar que “sabía más” o que “tenía carácter”.
La autoridad no se impone humillando al propio equipo frente a externos.
La autoridad se construye protegiendo al equipo… incluso cuando el equipo mete la pata.
Si hay problemas —y siempre los hay, porque trabajamos con humanos y no con santos— se abordan en casa, con respeto y con soluciones en la mesa. No como espectáculo.
Porque cuando expones tu caos sin estrategia, el proveedor no piensa:
“Qué honestos son.”
Piensa:
“Qué desordenados están.”
Y la confianza, cabros, es frágil. Cuesta años construirla y cinco minutos de ego romperla.
Ahora, tampoco se trata de barrer todo bajo la alfombra. A veces es sano reconocer brechas, pero con propósito:
✔️ “Estamos ajustando este proceso y buscamos un partner que nos acompañe.”
Eso es liderazgo.
Eso es visión.
No es lo mismo decir “somos un desastre” que decir “estamos mejorando”.
La diferencia está en la intención.
Les hablo desde los años, desde las cicatrices y desde haber sido ese interno alguna vez. Sí, yo también metí la pata. Uno aprende a combos con la realidad, no en un PowerPoint.
Pero aprendí algo simple:
Cuando estás en la mesa con externos, no representas tu ego. Representas a tu equipo, a tu organización y al trabajo de mucha gente que no está ahí para defenderse.
Y eso, se respeta.
Así que la próxima vez que estés en una reunión y te den ganas de “mostrar carácter” ventilando el caos interno… respira.
El liderazgo no es demostrar que sabes dónde está el problema.
Es demostrar que sabes cómo resolverlo sin incendiar la casa.
Y si de verdad quieres crecer profesionalmente, empieza por entender esto:
La madurez no se nota en lo que criticas.
Se nota en lo que cuidas.
Aunque a veces cueste tragarse el comentario sarcástico que se te viene a la boca… créeme, vale la pena.
Porque construir puertas abiertas siempre será más inteligente que dinamitar la entrada. 🚪✨
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