Buen dia ... buen viernes...
Han visto que siempre cuando uno quiere ordenar el cajón de los calcetines, termina encontrando la carta que nunca envió, el dibujo del hijo chico, el botón de la chaqueta del abuelo… y se te desarma el alma en un segundo.
Bueno, así pasa con la familia. Uno va por la vida tratando de poner orden, pero basta una palabra, una risa, una ausencia… para que todo se vuelva corazón.
Ser feliz no es una meta. Es un ejercicio diario de creer en los que nos rodean, de crear momentos aunque haya poco tiempo, y de crecer con cada abrazo que no dimos a tiempo.
En esta vida de horarios apretados, metas y rendimientos, la familia es ese rincón sagrado donde no hay KPI, pero sí hay miradas que te devuelven al origen. Donde no importa si fracasaste en el negocio, porque ahí siempre serás “el papá”, “la hija”, “el hermano chico” o simplemente “el porfiado de siempre, pero nuestro”.
Yo, que ya estoy más cerca del compost que del currículum, les digo:
la familia no es perfecta, ni falta que hace. Pero cuando uno decide creer en ella, cuando se atreve a crear con ella (aunque sea un queque mal hecho, una conversación incómoda, una carcajada sin filtro), algo dentro de uno crece. No hacia arriba, sino hacia adentro.
Así que este viernes, no lo llenen de pendientes.
Llenen la casa de presencia, de silencio compartido, de tallas fomes, de cafecito conversado.
Crean. Creen. Crezcan.
Y sean felices, aunque sea un ratito. Que con eso, basta y sobra.
🪵✨ Buen viernes, cabros. No olviden regar el alma. ✨🪵
Comentarios
Publicar un comentario