Me estaba preparando un café bien cargado —de esos que parecen alquitrán pero te devuelven el alma— cuando abrí el dashboard de costos de la nube y casi escupo el primer sorbo encima del teclado. ¡La factura parecía el PIB de un país pequeño! 😱
Les cuento una cosa: ajustarse el cinturón en FinOps no es como dejar de comprar cerveza artesanal para pasar al schop de litro del supermercado... es más como revisar si realmente necesitas prender todas las luces de la casa solo para encontrar las llaves. 💡
Se han fijado que en muchas empresas todos hablan de optimizar costos en la nube como si fuera apagar un par de instancias y listo. Pero la verdad es que esto es casi una filosofía de vida: mezclar finanzas con operaciones y algo de espiritualidad, porque necesitas fe para entender algunas facturas de AWS. 🔮
El punto es que no se trata de cortar por cortar. Es preguntar: ¿esto que estoy pagando genera valor? ¿Estamos usando las cosas que contratamos o solo las dejamos encendidas "por si acaso"? Ese "por si acaso" es el nuevo agujero negro del presupuesto. 🚀🕳️
Y ojo, que esto no se trata de andar con el Excel a lo nazi cortando todo, sino de tener visibilidad, tomar decisiones con datos, y ponerle un poquito de cariño a los gastos. Porque uno puede ahorrar sin ser miserable, ¿cierto?
Así que ahí estoy, ajustándome el cinturón pero sin perder el estilo, como quien cambia el auto por una bicicleta eléctrica con bocina de pato. 🛴🦆
Ya bueno, los dejo que tengo que apagar una base de datos zombie que lleva corriendo tres semanas y nadie la usa. Hasta pronto, pórtense mal pero optimicen bien. 😎✔️
Comentarios
Publicar un comentario