Han visto que siempre cuando uno dice algo simple como “qué lindas las estrellas”, aparece alguien que ya te quiere construir una nave espacial, estudiar la atmósfera de Saturno y publicar un paper en la NASA Review of Celestial Complications...
Y uno sólo quería compartir un momento bonito.
Me pasa también en el trabajo. Preguntas algo sencillo como “¿cómo cambio esto en el sistema?”, y te cae una tesis doctoral, con gráficos, índice temático, cita APA y, si te descuidas, una invitación a un seminario que dura tres semanas.
Les tengo una noticia: a veces la gente no quiere una nave espacial, sólo quiere mirar el cielo.
🔧 No todo problema necesita una solución estructural, ni cada consulta requiere una arquitectura compleja de respuestas. Hay veces que el arte está en saber responder con sencillez.
Y esto, queridos míos, se aprende con los porrazos, no con los diplomas.
Yo sé que hay muchos cerebros brillantes, de esos que procesan más que un servidor. Pero si no tienen el don de escuchar y saber cuándo guardar el plano de ingeniería… terminan aburriendo.
Y no hay nada más solitario que ser el más inteligente de una sala vacía.
Así que la próxima vez que alguien diga que le gustan las estrellas, no le expliques la física cuántica del firmamento… dile que sí, que están lindas.
Y si puedes, míralas con él.
Porque en este mundo técnico, saturado de expertos y procedimientos, el verdadero sabio no es el que más sabe, sino el que sabe cuándo callar.
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