Han visto que siempre cuando uno está por fin en la fila del supermercado con solo dos cosas, llega alguien con el carro lleno y te dice: “¿Me dejas pasar? Si total tú llevas poquito”... Bueno, así se siente la vida a veces: uno con el alma al borde del colapso y la vida diciéndote “pero si tú no haces tanto, ¿de qué te cansas?”.
Y ahí es cuando uno entiende el famoso meme: “Estoy cansado, jefe”.
No es solo físico. Es el cansancio de existir, de empujar el carrito con ganas cuando ya no hay ni carrito.
Es ese agotamiento invisible, el que no da fiebre, pero sí da ganas de desaparecer dos semanitas sin avisar a nadie.
Y es ahí donde hay que decirlo sin vergüenza: sí, estoy cansado.
Pero ojo: estar cansado no es rendirse. No es fracaso. Es señal de que lo has estado dando todo. Que has trabajado más de lo que el cuerpo y la mente querían. Que quizás hace rato no paras porque te enseñaron que descansar era de flojos… y resulta que no. Descansar es revolucionario en un mundo que te quiere productivo pero no feliz.
Así que si puedes: párate. Respira. Apaga todo.
Y si no puedes, por ahora, entonces prométetelo. Haz de tus próximas vacaciones una meta tan seria como tus reuniones de los lunes.
Porque no vinimos a sobrevivir a punta de café y ansiedad. Vinimos a vivir con sentido. Y eso, a veces, empieza con una simple frase dicha con toda el alma:
✨ Estoy cansado, jefe… me voy a cuidar un rato. ✨
Comentarios
Publicar un comentario