Estaba echado en el sillón con una empanada fría en la mano izquierda y una chela tibia en la derecha, cuando me cayó como baldazo de agua fría el recordatorio del calendario: quedan solo unas semanas para que se acabe el 2025. Casi me ahogo con la empanada.
Se han fijado que cada diciembre llega con una especie de auditoría espiritual y técnica: la famosa cuenta regresiva de las metas incumplidas. Es como ese pipeline que prometimos tener funcionando con CI/CD, IaC, testing, alertas y hasta notificaciones por paloma mensajera... pero que quedó en un todo.txt.
Y ahí estamos:
➜ ¿Dejamos la cerveza? JAJAJAJA, siguiente pregunta.
➜ ¿Hicimos la dieta? Sí, pero al revés. Comimos todo lo que dijimos que no.
➜ ¿Aprendimos DevOps? Bueno, vimos unos memes... eso cuenta, ¿cierto?
➜ ¿Kurbenetes? ¿Ese es el primo de Kubernetes, el que nunca aprendimos bien?
➜ ¿IaC? Sí, pero Inevitable aumento de Calorías.
La verdad es que uno empieza el año con una lista de metas que parece la planificación de un sprint de 6 meses metido en un día. Y claro, la vida pasa: los deploys fallan, los cafés se enfrían, y uno termina automatizando solo el almuerzo (con delivery).
Pero ¿sabís qué? No todo está perdido. Que no hayamos logrado todo no significa que no hayamos crecido. Tal vez aprendimos a decir que no, a descansar, a reírnos más, a escribir mejor código o simplemente a ser menos duros con nosotros mismos.
Así que si el 2025 te dio más lecciones que logros, igual estás avanzando. No todo se mide en diplomas ni en scripts ejecutados.
★ ¡Todavía queda tiempo para terminar algo, aunque sea el pan de Pascua! 😅
Ya bueno los dejo que tengo que revisar si el contenedor de mi vida sigue corriendo o ya se cayó otra vez.
¡Hasta pronto, pórtense mal! 🍻✨
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