Me estaba tomando una cerveza mirando cómo el gato del vecino se robaba mi sandwich, cuando pensé: ¿cuándo fue la última vez que valoramos en serio lo público? No me refiero a esas campañas con sonrisas fingidas y eslóganes tipo “mejorando tu vida”, sino al verdadero valor de que algo sea de todos y para todos.
Se han fijado cómo cuando algo es público, muchos lo tratan como si fuera “de nadie”? Pero no: lo público es de todos, y eso lo hace más valioso, no menos. Un sistema público –de salud, educación, transporte o información– debería estar diseñado con el principio sagrado de acceso universal. ¿Qué significa eso? Que no importa si tienes 15 o 85 años, si ves, oyes o caminas distinto, si tienes un celular viejo o una conexión lenta: igual puedes acceder.
Les cuento una cosa: lo público debería ser como ese baño limpio que encuentras en medio del desierto –sorpresivamente útil y abierto para quien lo necesite 😅. Pero para eso, tiene que estar pensado para tod@s, y eso incluye que los sistemas digitales también sean universales y accesibles.
No puede ser que en pleno 2025, si no tienes una clave sofisticada, una app específica o pulgares jóvenes, quedes fuera del sistema. Acceso universal no es solo instalar rampas físicas; es diseñar con empatía digital 🔄🧠.
Y ojo, lo público no es "lo barato" ni "lo improvisado". Es lo que refleja cuánto nos importamos como sociedad. Si lo hacemos bien, brilla más que cualquier servicio privado porque su propósito no es lucrar, sino servir.
Bueno, eso sería todo, nos vemos cuando logre que el gato me devuelva el almuerzo. Hasta entonces, cuiden lo público como si fuera suyo... porque, adivinen qué: lo es 🏞️💙.
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