🧓🏻 Han visto que siempre cuando uno va a servir sopa caliente, hay uno que mete el dedo pa' ver si está buena… y termina quemado. Bueno… así mismo es cuando uno da una opinión sin que se la pidan, o peor, cuando ya decidieron qué hacer y tú ni luces.
Uno ve que las cosas no están bien hechas, que los estándares están al tres y al cuatro, que todo está agarrado con alambres, y uno… uno que ha visto harto, que ha metido las patas pero también las manos… quiere aportar. Pero a veces, hablar es como gritarle al viento: nadie escucha, nadie quiere cambiar, y más encima te miran como el latero de la oficina.
Ahí es cuando uno aprende, no por cobardía ni por falta de pasión, sino por sabiduría, que hay momentos en que el silencio es más potente que mil discursos. Callar no es rendirse… es esperar el momento justo, es dejar que las consecuencias hablen, es proteger tu energía pa’ cuando sí valga la pena pelear la buena batalla.
Porque uno no está pa’ andar predicando en desiertos. Uno está pa’ abrir puertas donde se quieren cruzar, pa’ sembrar donde alguien quiera cosechar. Y si no te toman en cuenta hoy, no te preocupís: la experiencia enseña que tarde o temprano, cuando todo se cae, te vienen a buscar pa’ que les ayudís a levantar.
Y ahí estarás tú… sin rencor, pero con la olla caliente lista… y sin que metan el dedo esta vez.
💭 A veces, el que calla… no otorga, espera.
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