Me estaba preparando un café con más azúcar que juicio, cuando abrí una página web y ¡pum! Letras grises sobre fondo blanco, botones invisibles, y un menú que parecía más acertijo que herramienta. Y ahí recordé esas siglas mágicas: WCAG 💻♿.
Se han fijado cómo a veces diseñamos cosas solo pensando en quienes ven, oyen y mueven el mouse como pianistas de concierto. Pero resulta que el mundo no es así de uniforme, y por eso existen las Pautas de Accesibilidad para el Contenido Web (WCAG por sus siglas en inglés).
La idea es simple pero poderosa: hacer sitios web que no discriminen ni excluyan. Estas pautas nos dicen cómo lograr que el contenido sea:
➜ Perceptible (que se pueda ver, oír o leer con ayuda)
➜ Operable (que no sea un enigma para navegar)
➜ Comprensible (porque nadie quiere leer un contrato bancario cada vez que entra a una web)
➜ Robusto (que funcione con tecnologías de asistencia y no se derrumbe al primer lector de pantalla)
Les cuento una cosa: seguir estas pautas no es solo un acto de buena voluntad, también es un seguro contra demandas, y una forma elegante de decir “te considero” a tus usuarios. Y no, no basta con agrandar la letra. A veces hay que pensar como si uno programara para su abuela con cataratas y temblor en la mano 😅.
Así que ya saben, la próxima vez que diseñen un botón, piensen: ¿Lo podría usar alguien con visión reducida? ¿Con un solo dedo? ¿Sin ratón? Si la respuesta es sí, ¡felicitaciones! Estás ganando el juego de la accesibilidad 🎮✔️.
Bueno eso sería todo, nos vemos cuando mi cafetera decida jubilarse o me vuelva experto en subtitulado automático. Pórtense mal, pero hagan sitios inclusivos.
Comentarios
Publicar un comentario