Estaba divagando mientras esperaba que el microondas terminara de resucitar unas empanadas de ayer, cuando me topé con una web de un servicio público que parecía hecha en 1998 por alguien con mucho entusiasmo pero cero empatía. ¡Ni con lupa encontraba el botón de contacto! Y ahí me vino el ramalazo de indignación: ¡Las WCAG deberían ser obligatorias por ley en todas las webs de servicios públicos!
Les cuento una cosa: si hay algo que debiera ser universal es el acceso a trámites, beneficios, información y servicios esenciales. Pero muchas veces esas webs son como una pista de obstáculos para quienes tienen alguna discapacidad visual, motora, cognitiva o auditiva. Y eso, mis estimados, es como poner una escalera sin baranda en un edificio de la municipalidad 😤.
No es exageración. Imaginemos a doña Marta, jubilada, con presbicia, tratando de pedir hora médica o pagar una cuenta. Si la web no cumple con WCAG, es como si le dijéramos: “No nos interesa que puedas acceder. Anda a hacer la fila, si es que puedes.”
Y ojo, no es solo ética, es eficiencia. Si una web pública es accesible:
✔️ Menos llamadas y filas presenciales
✔️ Más inclusión real (no solo en el discurso)
✔️ Cumplimiento con tratados internacionales
✔️ Y sí, hasta menos demandas legales
Se han fijado que muchas veces lo público es sinónimo de “parche y lo dejamos así”? Pues ya es hora de que lo digital público sea sinónimo de dignidad. Implementar WCAG no es un lujo, es una necesidad democrática.
Ya bueno los dejo que tengo que explicarle a mi vecino cómo mandar un reclamo por una web que parece un videojuego retro sin instrucciones. ¡Pórtense bien y exijan accesibilidad! 🦡✨
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