Han visto que siempre cuando uno va a un asado, nunca falta el que critica la carne, el punto de cocción, la ensalada y hasta el carbón… pero igual se repite el plato. Curioso, ¿no? En las reuniones con proveedores pasa algo parecido. Ahí estamos, tratando de construir confianza, abrir oportunidades, mostrar orden y profesionalismo… y de pronto aparece el “iluminado”, y empieza a ventilar problemas internos como si estuviera en terapia grupal. —“Bueno, lo que pasa es que acá nunca nos coordinamos…” —“Es que el equipo no cumple los plazos…” —“Siempre tenemos estos problemas…” Y uno ahí, mirando al proveedor pensando: ya po, qué necesidad… Miren, los trapos sucios se lavan en casa. No porque haya que esconder la realidad, sino porque el liderazgo también es criterio. Y el criterio es saber qué decir, cuándo decirlo y delante de quién decirlo. Exponer debilidades sin contexto ni propósito no es transparencia. Es inmadurez disfrazada de franqueza. He visto empresas perder poder d...