Han visto que siempre cuando uno va a calentar el pan, mete “solo un ratito” al microondas… y salen dos opciones nomás: o queda helado como abrazo de oficina, o sale convertido en una piedra que podría usarse para cerrar una tumba. Nunca el punto justo. Qué cosa más humana esa de pasarse o quedarse corto.
Con las pegas pasa igual.
Te piden algo simple. Una idea clara. Una solución que camine. Pero uno, que a veces confunde valor con fuegos artificiales, se embala. Le pone tres capas, cinco adornos, siete explicaciones, un par de “por si acaso”, y termina entregando una catedral donde solo hacía falta una puerta que abriera bien.
Y no, no siempre es por ego, aunque a veces también, para qué andamos con cuentos. Muchas veces es porque queremos hacerlo tan bien, tan completo, tan impecable, que se nos olvida algo básico: lo útil no siempre necesita ser gigante.
Hay una sabiduría callada en lo simple.
Una elegancia que no mete ruido.
Una humildad en entregar justo lo necesario y no andar disfrazando inseguridad con exceso de detalles.
Sobre dimensionar cansa al que lo hace, confunde al que lo recibe y retrasa lo que pudo haber sido claro desde el principio. Es como llevar una retroexcavadora para plantar una lechuga. Impresiona, sí… pero igual quedaste de leso.
Con los años uno aprende —a puro porrazo, porque así enseña la vida, esa vieja maldita— que madurar también es medir mejor. Saber cuándo sumar… y cuándo dejar de meter mano. Entender que mejorar no siempre es agregar, sino muchas veces quitar lo que estorba.
Porque al final, hacer algo simple y bien hecho no es poca cosa.
Es criterio.
Es oficio.
Es respeto por el tiempo ajeno.
Y también, seamos justos, es respeto por la propia energía.
No todo merece convertirse en megaproyecto.
No toda solicitud simple es una invitación a construir el Apocalipsis versión premium.
A veces, la mejor respuesta es la más limpia.
La más precisa.
La que resuelve sin hacer teatro.
Y cuando uno entiende eso, trabaja más liviano, piensa más claro y aporta de verdad.
Que no se te vaya la vida decorando martillos cuando lo urgente era clavar el clavo.
Menos espectáculo. Más intención. ✦
Comentarios
Publicar un comentario