¿Han visto que siempre cuando uno lava la loza, justo en ese momento, alguien viene y pone otro plato sucio en el lavaplatos como si nada? Como si uno fuera parte del mobiliario, o peor, como si el detergente se activara con los suspiros de rabia.
Así pasa también con los días de la semana. Uno los va limpiando, sacando la pega, apagando incendios, y cuando ya está por terminar… zas, aparece el viernes con otra carga de cosas que no viste venir. Pero también, si uno respira hondo, puede ver que llega con algo más: la oportunidad de detenerse.
El fin de semana, aunque sea cortito, aunque venga lleno de trámites, es ese respiro que el cuerpo no pide, pero que el alma necesita.
No se trata de hacer grandes cosas. A veces basta con mirar el cielo un rato, comerse un pan con palta con calma o simplemente no hacer ni una cuestión y dejarse estar. Porque descansar también es parte del trabajo. Es cuando el espíritu se recarga sin pedir permiso.
Así que no se sientan culpables por apagar el motor. Si alguien los hace sentir vagos por descansar, sonrían con ironía y díganles que están en mantenimiento. Uno también necesita ajustes, limpieza de filtros y un poco de cariño.
👉 Que tengan un buen fin de semana. No perfecto. No productivo. Bueno. Que ya es más que suficiente.
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