Han visto que siempre cuando uno quiere hacer una tostada, justo ese día el pan está más duro que promesa de político… y uno lo tuesta igual, esperando que se ablande con mantequilla caliente. Así pasa con algunas ideas también: si no les metes algo nuevo, no entran ni con mantequilla.
El otro día estuve asesorando a alguien que recién se iniciaba en este mundo digital. Recién salida de la U, con todas esas ganas frescas y preguntas que para uno son básicas... pero ojo, básicas desde el privilegio de haber pasado años equivocándose.
Y ahí me pegó el balde de agua fría: los que vienen están formateados distinto. No aprendieron en salas con computadores Pentium 3 que sonaban como secadora vieja, ni guardaban sus trabajos en disquetes de 3½ que se perdían más que las llaves. Nosotros venimos de un mundo donde el “debug” era soplar el cartucho.
Ellos en cambio nacieron con contenedores, inteligencia artificial, agilidad, nubes, DevOps, y todas esas palabras que antes eran ciencia ficción y hoy son lunes en la mañana.
La informática es ese lugar raro donde el pasado sigue corriendo en algún servidor olvidado, el presente se parcha cada semana, y el futuro llega con versión beta y sin manual. Y nos toca a nosotros, los "viejos cracks", no quedarnos en la nostalgia del código espagueti, sino hacer el puente: mezclar la experiencia con la visión fresca de los nuevos.
No para enseñar desde arriba, sino para construir al lado. Porque si no nos mezclamos, no creamos nada nuevo. Y la innovación no vive en una torre de marfil ni en un datacenter: vive en la conversación entre generaciones.
📟 Así que sí: aún tengo mi disquete guardado... pero ahora lo uso como posavasos.
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