Han visto que siempre cuando uno compra una herramienta vieja en una feria, oxidada, golpeada por décadas de uso, todavía funciona mejor que muchas cosas nuevas recién salidas de fábrica.
Eso me hace pensar en una expresión que escucho cada vez más: "informática artesanal" para referirse a sistemas mal diseñados, soluciones improvisadas o software hecho sin estándares.
Y qué injusticia más grande es esa.
La artesanía nunca fue sinónimo de chapuza. Todo lo contrario.
Un artesano era la persona que conocía su oficio tan profundamente que podía crear algo con sus propias manos y hacer que sobreviviera generaciones. Detrás de una silla, una espada, una vasija o un reloj artesanal había años de aprendizaje, errores, perfeccionamiento y conocimiento transmitido de maestro a aprendiz.
La artesanía es experiencia acumulada.
Es conocimiento refinado por el tiempo.
Es obsesión por los detalles.
Cuando alguien construye un sistema informático desordenado, lleno de parches, dependencias absurdas y soluciones que funcionan "porque sí", eso no es artesanal. Eso es improvisación. Es trabajo apurado. Es deuda técnica con intereses de usurero.
De hecho, muchos de los mejores desarrolladores que he conocido trabajaban como verdaderos artesanos. Entendían cada línea de código, cuidaban la mantenibilidad, documentaban, enseñaban y dejaban sistemas que otros podían comprender años después.
La diferencia entre un artesano y un improvisador es la misma que existe entre construir un puente y amontonar tablas esperando que nadie se caiga.
Así que la próxima vez que alguien diga "informática artesanal" para describir algo mal hecho, quizás convenga recordar que los artesanos construyeron catedrales, instrumentos musicales que aún suenan siglos después y obras que sobreviven a sus creadores.
Lo mal hecho no es artesanal.
Lo artesanal, cuando es auténtico, suele estar mucho más cerca de la excelencia que de la mediocridad.
Y esa es una lección que la informática moderna a veces parece haber olvidado. ⚙️📜✨
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