Han visto que siempre cuando uno va al supermercado por una sola cosa, termina saliendo con tres bolsas, dos antojos y preguntándose en qué momento el carrito tomó decisiones por uno. La vida tiene ese raro sentido del humor: uno entra buscando una cosa y termina encontrando otra.
Algo parecido nos dejó este Mundial.
Con la ampliación a 48 selecciones, aparecieron equipos que hace algunos años jamás habrían tenido un cupo. Muchos ni siquiera sabíamos que existían futbolísticamente. Y, sin embargo, cuando les dieron la cancha, demostraron que sabían jugar. Algunos emocionaron, otros sorprendieron y varios hicieron tambalear a los gigantes.
No eran malos. Solo nunca les habían dado la oportunidad de mostrarse.
Y ahí es donde el fútbol deja de ser solo fútbol.
Porque la vida está llena de personas jugando clasificatorias eternas, pero sin que nadie les abra la puerta del estadio.
Pienso en esos chiquillos que uno ve vendiendo en la calle, atendiendo un negocio, trabajando desde muy jóvenes porque no les quedó otra. Quizás ese fue su camino y lo hacen con orgullo. Pero no puedo evitar preguntarme... ¿qué habría pasado si hubieran tenido más oportunidades?
¿Y si entre ellos estaba el ingeniero que nunca llegó a diseñar un puente que cambiaría una ciudad?
¿El profesor que habría inspirado a miles de alumnos?
¿La científica que descubriría un tratamiento para una enfermedad que hoy sigue esperando una solución?
¿O simplemente una persona capaz de mejorar la vida de quienes la rodeaban?
Nunca lo sabremos.
Porque el talento no siempre falta; muchas veces lo que falta es el cupo.
Nos encanta hablar de meritocracia, pero es difícil demostrar cuánto vales cuando ni siquiera te dejan entrar a la cancha. Nadie puede sorprender al mundo desde la banca.
Por eso creo que una sociedad inteligente no es la que solo premia a los mejores. Es la que crea más oportunidades para que aparezcan nuevos mejores.
A veces basta con ampliar un cupo, abrir una puerta o confiar en alguien que nadie miraba.
Quién sabe... el próximo genio, el próximo gran maestro o la próxima persona que cambie el mundo podría estar ahora mismo detrás de un mostrador, repartiendo pedidos o vendiendo en una esquina.
Y nosotros, muy ocupados mirando siempre a los mismos jugadores, podríamos estar dejando pasar al verdadero crack.
Como decía un viejo cascarrabias que conocí: "La suerte favorece a los preparados... pero primero alguien tiene que abrirles la maldita puerta."
Porque cuando las oportunidades se agrandan, no solo aparecen nuevos equipos.
También aparece un futuro que antes ni siquiera sabíamos que existía.
Buena Semana
Comentarios
Publicar un comentario