En mi departamento hay una regla sagrada: el viernes no se descongela el refrigerador. Si algo sale mal, el agua llega al living, el vecino de abajo toca el timbre y el fin de semana se me va trapeando, con la cerveza tibia esperando turno en el lavaplatos.
Hasta que me pregunté por qué el refri se inunda. Spoiler: no es culpa del viernes. Es que lo descongelo una vez al año, a la mala y sin bandeja.
Con el famoso "el viernes no se pasa a producción" pasa lo mismo. Lo repetimos como mandamiento tallado en piedra, cuando en realidad es una confesión: no confío en lo que estoy subiendo. Si desplegar es una ceremonia de alto riesgo que ocurre cada muerte de obispo, obvio que da susto, sea viernes o martes.
Viernes viene de dies Veneris, el día de Venus, diosa del amor. Pobre: pasó de día del amor a día del terror en TI sin haber hecho nada. Y producción viene de producere, llevar hacia adelante. El mito nos pide justamente no avanzar.
No reniego de quienes inventaron la regla. En su tiempo pasar a producción era copiar archivos a mano y rezar. Esa gente se sacó la cresta para que hoy tengamos pruebas automáticas, reversas de un clic y monitoreo que avisa antes que el usuario. Conservar su miedo intacto sería casi faltarles el respeto.
El O'Higgins juega el día que diga el fixture, no el que le dé más confianza. Se prepara para salir a la cancha cuando toque. Eso es oficio, no superstición.
Sospecho que en unos años el mito sonará tan raro como no bañarse después de almuerzo, y algún cabro preguntará, con toda razón, cuál era el drama con el viernes. No vamos a tener una buena respuesta.
Mientras tanto, el refri ahora lo descongelo seguido y con bandeja. Y da lo mismo el día.
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