... de estafas priamidales y otras cosas
El ascensor de mi edificio lleva tres semanas con un papel que dice "fuera de servicio", y cada mañana veo a algún vecino apretando el botón igual, con fe. No lo juzgo: yo también lo hice el lunes, con la cerveza del domingo todavía pasando la cuenta. Hay algo muy humano en creer que esta vez la realidad va a hacer una excepción con nosotros.
Con las estafas piramidales pasa lo mismo, pero con más ceros. Camina como pato, nada como pato, grazna como pato, y aun así hay gente convencida de que es un cisne con rentabilidad garantizada del 20% mensual. Le cambian el nombre cada tanto: antes eran cadenas por carta, después "multinivel", hoy son "comunidades de libertad financiera" con fondo morado y auto arrendado para la foto. El pato se actualiza el firmware, pero sigue siendo pato.
Lo más bonito es la etimología. Pirámide viene del griego pyramís, que era un pastel de trigo. O sea, siempre fue una torta, y el que la corta se queda con el pedazo grande. Los de abajo ponen la harina.
Como ingeniero, me encantan los sistemas que escalan. Pero un modelo que solo funciona si los reclutas crecen al infinito no es un negocio, es una función exponencial con fecha de vencimiento. Cualquier cabro de primer año lo grafica en una tarde. Y los jóvenes lo cachan mejor que nadie: hasta tienen palabra para eso, "rug pull", cuando te sacan la alfombra de un tirón.
Me imagino que en unos años la próxima pirámide vendrá con inteligencia artificial, avatar amable y contrato inteligente. Va a hablar perfecto, va a caminar perfecto. Y va a graznar.
Mientras tanto subo por la escalera y el vecino sigue apretando el botón. Tal vez la pregunta no es por qué siempre aparece un pato, sino por qué nos cuesta tanto llamarlo pato.
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